December 21, 2025

Turning Point

Turning Point
Turning Point Mindset: why this name nombre y por qué empiezo aquí Hay momentos en los que uno no necesita más información. Necesita silencio.
Silencio para escuchar lo que venía evitando: la conversación incómoda con uno mismo. Yo ya pasé por ese tramo duro. Y no lo digo con orgullo ni con drama: lo digo con claridad. Lo crítico pasó. Aprendí. Me ordené. Y hoy escribo desde otro lugar: el de la decisión, no el de la herida abierta.

Turning Point Mindset: por qué este nombre y por qué empiezo aquí

Hay momentos en los que uno no necesita más información. Necesita silencio. Silencio para escuchar lo que venía evitando: la conversación incómoda con uno mismo.

Yo ya pasé por ese tramo duro. Y no lo digo con orgullo ni con drama: lo digo con claridad. Lo crítico pasó. Aprendí. Me ordené. Y hoy escribo desde otro lugar: el de la decisión, no el de la herida abierta.

Por eso este primer post no podía ser sobre productividad, hábitos o tendencias del mercado. Tenía que ser sobre el origen de este espacio. Sobre el nombre. Sobre el punto exacto en el que la vida te obliga a dejar de negociar contigo mismo… y tú decides, sin excusas, salir adelante.

Por qué “Turning Point Mindset”

Elegí Turning Point Mindset porque captura dos ideas que hoy me sostienen:

  • Turning Point

    no es “un cambio”. Es un

    punto de inflexión

    : el instante en el que ya no puedes seguir siendo la misma persona con el mismo guion mental… porque la realidad ya te alcanzó.

  • Mindset

    no es una palabra bonita. Es la forma en la que interpretas lo que te pasa, lo que te dices cuando nadie te ve, y lo que decides hacer con eso.

En finanzas hablamos todo el tiempo de “momentos de mercado”, “riesgo”, “exposición”, “pérdida”, “recuperación”. Pero hay una versión de esa conversación que casi nunca se hace con seriedad: la que tiene que ver con el riesgo moral, con el carácter, con los valores y con el autoengaño.

Este blog nace para hablar de esa parte. Sin máscaras. Y con una idea central: no me quedo en lo que pasó; me quedo en lo que aprendí y en lo que construyo.

El caso que viví y el precio real de las decisiones

No escribo esto para justificarme. Tampoco para pedir lástima.

Lo que sí voy a hacer es algo que muchas veces evitamos hasta que es tarde: mirar de frente el camino que me trajo hasta ahí, reconocerlo… y dejarlo atrás con un cierre definitivo.

Porque cuando llega un punto de quiebre, lo más fácil es decir: “todo ocurrió de golpe”. Y casi nunca es verdad.

Casi siempre ocurre así:

  1. Una decisión pequeña que “no parece grave”.

  2. Una racionalización: “solo esta vez”

  3. Un entorno que lo normaliza.

  4. Un beneficio a corto plazo.

  5. Un costo que no se ve… hasta que explota.

Ese patrón está tan estudiado que incluso tiene nombre en ética conductual: ethical fading, cuando te enfocas tanto en otra cosa (presión, objetivos, reputación, dinero) que lo ético literalmente “se te borra” del cuadro mental.

Y también está el efecto de escalamiento: muchas conductas graves empiezan con una cadena de micro-decisiones que se van normalizando y subiendo de nivel.

Lo difícil, cuando estás adentro, es admitir algo brutal: tú no sientes que estás cruzando una línea; sientes que te estás adaptando.

Hasta que un día la factura llega.

Y aquí es donde mi enfoque cambia por completo: yo ya pagué esa parte. Ya vi el costo. Ya entendí la lección. Y precisamente por eso, hoy mi postura no es de víctima: es de responsable.

La falta de valores no aparece de golpe: se entrena

Hoy lo veo con una claridad que no quiero perder: la falta de valores no suele presentarse como “maldad”. Suele presentarse como excusas sofisticadas.

  • “Si no lo hago yo, lo hará otro.”

  • “Es lo que el negocio exige.”

  • “No estoy lastimando a nadie.”

  • “Cuando se estabilice, lo arreglo.”

  • “Yo soy bueno, he hecho muchas cosas bien.”

Y aquí hay una trampa: cuando uno se percibe a sí mismo como “buena persona”, puede volverse más hábil para defender sus excepciones. En psicología moral se ha estudiado el fenómeno del moral self-licensing: después de algo “bueno”, algunas personas se sienten con más permiso interno para justificar algo “malo”.

No escribo esto como teoría. Lo escribo como una conclusión dura: el autoengaño es inteligente, y si no lo enfrentas, te administra.

Mindset: no es positivismo, es un marco para decidir

Cuando digo mindset, no estoy hablando de repetir frases frente al espejo.

El concepto de growth mindset se relaciona con la creencia de que capacidades e inteligencia pueden desarrollarse; lo contrario sería un fixed mindset, la idea de que son fijas.

Ahora bien: aquí es donde quiero ser honesto y preciso.

El growth mindset se popularizó tanto que se distorsionó. Carol Dweck (quien lo impulsó) ha advertido sobre el “false growth mindset”: decir que lo tienes sin vivirlo de verdad, o usarlo como consigna vacía (por ejemplo, elogiar esfuerzo sin estrategia, o usar “mindset” como excusa en lugar de ajuste real).

Además, la evidencia sobre intervenciones de growth mindset en educación es mixta. Meta-análisis han encontrado efectos débiles en promedio y mucha variabilidad; no es una varita mágica y depende de contexto, diseño y ejecución. Y al mismo tiempo, estudios a gran escala muestran que puede haber mejoras medibles en ciertos entornos (por ejemplo, en alumnos con bajo desempeño y con escuelas que acompañan el mensaje con oportunidades reales).

¿Mi conclusión práctica?

Mindset no es magia. Pero sí es el lugar donde empieza (o termina) tu capacidad de hacerte cargo.

Porque hay dos formas de vivir un golpe:

  • “Esto me define, ya está.” (fijo, cerrado, derrotista)

  • “Esto me confronta. Aprendo. Ajusto. Reconstruyo.” (crecimiento, responsabilidad, acción)

Yo elegí la segunda. Y no por motivación barata: por supervivencia emocional y por amor propio… pero sobre todo, por mi familia y por el tipo de hombre que decido ser de ahora en adelante.

Puntos de inflexión famosos (y lo que de verdad enseñan)

Aquí quiero dejar algo claro —porque también es parte de mi historia de estos meses—: muchas de estas historias de famosos yo no las tenía tan presentes antes. Las he ido encontrando recientemente, en esta búsqueda de información que he necesitado para entender, ordenar la cabeza y sostenerme con algo más que emoción.

He leído discursos, entrevistas, biografías, y sí… me he agarrado de ideas ajenas para construir fuerza propia. No lo escondo. Lo digo como es: cuando estás en un turning point, aprendes a buscar herramientas donde sea que estén.

1) Steve Jobs y la expulsión del “lugar correcto” Jobs contó en Stanford que ser despedido de Apple terminó siendo “lo mejor” que pudo haberle pasado porque lo liberó para un periodo creativo. No es la frase lo importante; es el patrón: pérdida, humildad, reinvención.

2) J.K. Rowling y el “fondo” como cimiento En Harvard, Rowling habló de tocar fondo y convertirlo en base para reconstruir: cuando ya no tienes dónde sostenerte, te queda la verdad… y la decisión de levantarte.

3) Oprah y el giro profesional como liberación Su historia muestra cómo un cambio de formato y de lugar puede abrir el camino a lo que uno realmente es. De AM Chicago a convertirse en el número uno local, su carrera es el ejemplo de que a veces tu voz sirve más cuando sales del molde correcto y entras al lugar correcto para ti.

4) Michael Jordan y el rechazo que se convierte en combustible La historia se cuenta de distintas maneras, pero el corazón es el mismo: no entrar al equipo varsity en su momento (o, dicho con precisión, no estar donde él quería estar aún) lo empujó a trabajar más duro. La lección no es “rabia”; es disciplina sostenida cuando nadie aplaude.

Estas historias no dicen: “todo pasa por algo”. Dicen algo más incómodo y útil: puede pasar lo peor… y aún así puedes construir algo distinto si cambias tu forma de decidir.

Por qué escribí mi libro (y por qué fue más duro de lo que esperaba)

Sí: también por esto escribí mi libro.

Porque llega un momento en el que hablar ya no alcanza. Necesitas ordenarte por dentro. Y escribir —de verdad— es una forma brutal de hacerlo.

Es fácil compartir ideas. Es difícil escribir algo que realmente sientas que es tuyo.

Lo duro no fue “terminarlo”. Lo duro fue:

  • dejar de escribir para gustar,

  • dejar de editar para sonar inteligente,

  • dejar de esconderme detrás de frases bonitas,

  • y atreverme a poner en papel lo que, cuando lo lees, te exige coherencia.

Cuando escribes algo que sientes tuyo, te pasa algo incómodo: te compromete. Ya no puedes fingir que no sabías. Ya no puedes decir “yo pienso esto” y vivir lo contrario sin que te pese.

Ese libro, para mí, fue un acto de propiedad: esto aprendí, esto creo, esto elijo. Y en el contexto de mi turning point, escribirlo fue una manera de transformar caos en dirección.

Por qué no volveré al mundo financiero “desde la tribuna que estaba”

Aquí también quiero ser directo, porque es parte del cierre.

Lo digo con claridad: después de lo que viví, no puedo —y no es un tema de ganas— volver a la industria financiera desde el mismo lugar de antes.

Y en mi caso hay una realidad adicional que define esto sin debate: por ley, por las restricciones legales derivadas de mi proceso penal (mi caso criminal), ese mundo se acabó para mí desde esa tribuna. No lo digo para victimizarme, lo digo para poner un punto final: esa puerta está cerrada.

Pero aquí está el giro “de ganador” que para mí importa: que una puerta se cierre no significa quedarme fuera del juego. Significa jugar otro partido, con otra responsabilidad y con otro propósito.

Y aquí hay algo que quiero dejar escrito desde el inicio: un turning point no se demuestra con palabras. Se demuestra con límites.

Mi límite es este: no voy a vender una narrativa de “aprendí y ya”. La transformación real se prueba con tiempo, coherencia, y una humildad que se practica —no se declara.

Lo que sí puedo aportar: banca, empresas y cumplimiento desde la realidad

Ahora viene la parte más importante de este blog: ¿para qué sirve todo esto?

He pasado años en el mundo corporativo/financiero. Y hoy lo puedo ver desde un ángulo que pocos eligen voluntariamente: el de las consecuencias.

Esa combinación —experiencia + realidad— me cambia el foco. Me hace ver que muchas organizaciones hablan de cumplimiento como un checklist, cuando en realidad se juega en otra parte:

  • en los incentivos,

  • en lo que se tolera,

  • en el “tono desde arriba”,

  • en la cultura de escalamiento,

  • en los controles que existen… y los controles que se saltan.

Marcos serios de evaluación de programas de compliance insisten en esto: no basta con tener políticas; importa si el programa está bien diseñado, implementado y si funciona en la práctica (no en PowerPoint). También existen estándares para sistemas de gestión de compliance (como ISO 37301) que apuntan a establecer y mejorar programas de forma estructurada. Y, en banca, el Basel Committee ha subrayado la responsabilidad del directorio y la necesidad de una función de compliance permanente y efectiva, acorde al riesgo.

Pero también quiero que esto quede muy claro: no solo trabajo con empresas. Trabajo con personas.

Trabajo con gente que está en un momento difícil; personas que sienten que están por caer… o que ya cayeron. Y sé lo que se siente cuando por dentro hay ruido, vergüenza, miedo, ansiedad, y al mismo tiempo una necesidad urgente de que alguien te ayude a poner orden.

¿Cómo las ayudo?

  • Claridad sin juicio:

    separar hechos, emociones y decisiones (porque cuando todo se mezcla, decides mal).

  • Volver a lo básico:

    valores, límites, rutina y responsabilidad (no motivación).

  • Plan de reconstrucción real:

    pasos concretos, semanales, medibles, con disciplina (y con familia y trabajo como centro).

  • Prevención del “siguiente error”:

    identificar disparadores, excusas típicas y puntos ciegos antes de que se repitan.

  • Reinvención con dignidad:

    no para “quedar bien”, sino para volver a ser útil y coherente.

No vendo humo. No prometo atajos. Acompaño procesos con estructura, franqueza y acción. Y, sobre todo, con una idea: si la vida te dio un turning point, úsalo para subir de nivel como persona.

Qué vas a encontrar en este blog

Este espacio será, sobre todo, práctico y honesto. Escribiré sobre:

  • Mindset con evidencia

    (sin humo, sin frases vacías).

  • Ética realista

    : cómo se racionaliza lo incorrecto, cómo se repara, cómo se cambia.

  • Cultura de cumplimiento

    : lo que funciona en banca y empresas, y lo que es teatro.

  • Reconstrucción personal

    : hábitos, responsabilidad, límites, disciplina emocional.

  • Casos y lecciones

    (sin morbo, sin nombres, con aprendizajes).

No sé quién va a leer esto. Pero sí sé por qué lo escribo:

Porque este fue mi punto de inflexión. Y porque, si algo bueno puede salir de un golpe así, es que la experiencia se convierta en claridad para otros.

Y también porque —con la misma firmeza— dejo esto claro: no voy a seguir fastidiando con este tema. Este post es el cierre. A partir de aquí, lo que viene es trabajo, familia, aporte y construcción.

A mi familia (y aquí lo dejo)

Y por última vez, como corresponde, quiero dejar el agradecimiento más grande a quienes fueron lo principal en todo este proceso: mi esposa, mi hijo y mi hija.

Ustedes fueron el ancla cuando había tormenta. Ustedes fueron la razón para enderezarme sin negociar. Y ustedes son, hoy, la prueba de que lo importante no era “quedar bien”, era ser mejor.

Gracias. De verdad. Aquí cierro este capítulo. Y sigo.